Entrevista a Eva Gálvez, abogada

Eva Gálvez siempre ha tenido claro que quería dedicarse al aspecto más social del derecho. Una beca de formación en el área jurídica del Instituto de la Mujer marcó profundamente su forma de ver la realidad y la abogacía. Desde entonces, sus ojos observan el mundo desde una perspectiva de igualdad de género. En el ámbito personal, ser madre de dos hijas le ha permitido experimentar la dificultad de hacer frente a los estereotipos y prejuicios que persisten en las nuevas generaciones. Gálvez forma parte de la Asociación de Mujeres Juristas Themis y ha trabajado en diversos recursos públicos relacionados con la violencia de género. Su amplia experiencia profesional le ha permitido observar a una sociedad desencantada e individualista que necesita avanzar. En su opinión, la legislación es importante para luchar contra la violencia machista aunque para mejorar de verdad, debemos apostar por una educación en igualdad de oportunidades.


Como miembro de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, ¿Cómo explicarías la labor que desarrolla?

La Asociación de Mujeres Juristas THEMIS pretende luchar por los derechos de las mujeres y cuidar la legislación y su aplicación para que los salvaguarden. Es un espacio de reflexión y crítica muy valioso compuesto por profesionales muy competentes del ámbito jurídico. El objetivo es ofrecer espacios de formación de alta calidad y con gran contenido práctico, siempre desde una perspectiva feminista. La Asociación cuenta con una asesoría gratuita específica para mujeres y con programas de defensa jurídica especializada y gratuita, que surgieron para dar respuesta a las lagunas de los Turnos de Oficio.

En la actualidad ofrece cuatro programas de defensa jurídica gratuita: en caso de violencia de género, impago de pensiones, incumplimiento de obligaciones en materia no dineraria y en delitos contra la libertad sexual y trata de mujeres y niñas. Además, la Asociación tiene gran actividad de incidencia política, realizando propuestas y contrapropuestas ante reformas legislativas. También cuenta con una importante presencia en medios de comunicación, por ejemplo, mediante la elaboración de comunicados o estudios jurídicos de sentencias.



“La asociación de Mujeres Juristas THEMIS pretende luchar por los derechos de

las mujeres y cuidar la legislación y su aplicación para que las salvaguarde”

¿Cree que en su profesión existe una desigualdad entre los hombres y las mujeres que la ejercen?

En la abogacía y en el ámbito jurídico en general, cada vez hay más mujeres. Sin embargo, al igual que en todos los ámbitos de nuestra sociedad, a medida que ascendemos en los escalafones de cada profesión el número de mujeres se va reduciendo. Por ejemplo, aun existiendo un número muy alto de juezas, su participación se reduce en las altas magistraturas como el Tribunal Supremo. También destaca el escaso número de Decanas de Colegios de Abogados y Abogadas, paradójicamente formados por un altísimo número de mujeres abogadas, a menudo superior al de hombres.


Además, me gustaría destacar que existe muy poca formación en género entre los operadores jurídicos, tanto en hombres como en mujeres, con la excepción de aquellas que pertenecemos al ámbito de los recursos especializados en la orientación jurídica a mujeres o centros de igualdad.


La legislación actual, ¿asegura la igualdad entre hombres y mujeres en términos legales? ¿Y en la práctica?

Desde la aprobación de la Constitución en 1978 se ha realizado de forma progresiva toda la reforma del ordenamiento jurídico para acabar con las discriminaciones. Esta modificación de nuestra legislación ha permitido que se hayan eliminado las discriminaciones directas, con la excepción de la Sucesión a la Corona, casi el único ámbito pendiente. Sin embargo, discriminaciones indirectas siguen existiendo porque son mucho más difíciles de detectar y denunciar. Poco a poco y gracias a acciones judiciales concretas, se están sacando a la luz y corrigiendo. Además es importante señalar, que en la elaboración de nueva legislación es necesario realizar informes previos de impacto de género. No obstante, a menudo estos informes son elaborados con un mero carácter formal y vacíos de un contenido útil y real, sin estudiar a fondo si pueden aumentar la discriminación de género o corregirla. Por desgracia, en muchas ocasiones quien aplica las leyes lo hace de una manera que perpetúa las discriminaciones.


“A medida que ascienden en los escalafones de cada profesión

el número de mujeres se va reduciendo”

En su opinión, ¿ha mejorado la igualdad entre hombres y mujeres desde la aprobación de la Ley de Igualdad Efectiva en el 2007?

La mera aprobación de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres tuvo un valor pedagógico muy importante aunque sigan existiendo asuntos importantes que se deben mejorar. Supuso un primer instrumento en el que se definían de manera conjunta e integral conceptos muy importantes y que a veces, solo habían llegado a nuestro ordenamiento a través de sentencias, como por ejemplo el principio de paridad. Esta ley pretendía recoger el principio de igualdad y perspectiva de género en la ordenación general de las políticas públicas y establecía criterios de actuación de todos los poderes públicos en relación con la igualdad. Más concretamente, la ley pasaba a hablar de conciliación de la vida familiar y laboral a corresponsabilidad entre mujeres y hombres en el reparto de las obligaciones familiares.

Sin embargo, muchos aspectos han quedado sin desarrollar, a menudo por presiones de los sectores afectados, por falta de inversión económica o incluso por reformas legislativas realizadas en el contexto de la crisis económica, especialmente en legislación laboral y de Seguridad Social. Un ejemplo de esos puntos de la Ley que hubieran requerido de un desarrollo más completo, es la participación de las mujeres en los Consejos de Administración de las Sociedades Mercantiles, para que sea equilibrado el número de mujeres y hombres.


¿Y qué cambios urgentes deben producirse en la legislación, referentes a desigualdad degénero y violencia machista?


En primer lugar, habría que llevar a cabo el desarrollo reglamentario de muchos aspectos recogidos en la Ley Orgánica 3/2007, como he comentado anteriormente. En mi opinión, es preferible una legislación estatal que englobe diversas manifestaciones de violencia, sin centrarse únicamente en lo que ocurre en el ámbito de la pareja, como han recogido muchas legislaciones autonómicas. Sin embargo, es importante subrayar que la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género supuso un gran avance en la materia. Por primera vez en nuestro ordenamiento se recogía un concepto de “violencia de género” entroncado con definiciones internacionales adoptadas en Tratados en el marco de la ONU y se diferenciaba de los términos “violencia doméstica” o “intrafamiliar”, que eran los únicos que hasta ese momento reconocía nuestra legislación. En definitiva y a pesar de las posibles mejoras, creo que actualmente tenemos una legislación bastante útil en el ámbito de la violencia machista. Cuando falla es por falta de sensibilización en el ámbito judicial, falta de medios concretos en los órganos judiciales, falta de inversión suficiente en la protección policial o defectos de coordinación de los diversos recursos. Además, existe un vacío en materia de apoyo al empleo, la vivienda y la autonomía económica de las víctimas. Más que la legislación, considero que debería mejorar su aplicación e inversión presupuestaria.


“Más que la legislación, considero que debería mejorar

su aplicación e inversión presupuestaria”

En los casos de violencia de género, ¿las medidas preventivas y las penas contra el maltratador son las adecuadas? ¿Qué debería mejorar en la legislación para garantizar la protección de las víctimas y para acabar con los asesinatos machistas?

Considero que nuestra sociedad sigue invirtiendo muy poco en prevención. Mejorar implicaría apostar de verdad por una educación en igualdad de oportunidades a niños y niñas que contemplara la educación en género. Es necesario que desmontemos estereotipos, prejuicios y roles de género, al igual que las ideas de amor romántico. La desigualdad es el caldo de cultivo de la violencia. Si no detenemos la desigualdad, nunca acabaremos con su manifestación más grave, que es la violencia de género. Por esta razón no podemos solucionar el problema solo desde las reformas penales y procesales. Creo que la actual legislación y las medidas como la orden de protección, son instrumentos ágiles para proteger a las víctimas. Muchas veces el desconocimiento o desprecio del ámbito o entorno de las víctimas por parte de los juzgadores y juzgadoras es lo que provoca la denegación de órdenes de protección o absoluciones. Desgraciadamente, incluso puede haber colaborado la falta de empatía de algún letrado o letrada. Hasta en mi propio ámbito de trabajo, debemos realizar críticas. En este sentido, me parece fundamental aumentar la sensibilización de todos los profesionales y operadores.

Tenemos que tener muy en cuenta que no basta con conocer el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Hay que comprender que las denuncias y procesos por violencia de género son muy diferentes a las de otros ilícitos penales y cualquier intervención, valoración de diligencias y pruebas han de realizarse con este enfoque. Nunca podremos eliminar totalmente el riesgo de un asesinato pero pueden mejorar las valoraciones de riesgo, la coordinación y los recursos de cada caso para reducirlo.



El tratamiento que hacen los medios de comunicación y la difusión de los casos de violencia machista, ¿produce un efecto positivo o negativo en la sociedad? ¿Por qué?

Todo depende de cómo sea ese tratamiento. Los documentales serios, profesionales y objetivos que traten la información siempre desde el respeto y la dignidad y que cuenten con la opinión de personas expertas en la materia, pueden servir para concienciar y movilizar a la sociedad. Lo mismo sucede con las noticias de las mujeres asesinadas por violencia de género. Deben responder a ese mismo estilo basado en el respeto y seguir las recomendaciones de manuales que existen hace muchos años, para ayudar y producir un efecto positivo.

El efecto negativo se produce cuando los medios se dedican a presentar las noticias o el problema de manera morbosa y sensacionalista. Primero, porque nadie se identifica con la víctima y se la presenta como un objeto de consumo, perdiéndose cualquier posibilidad de prevención. En segundo lugar, porque el acento en los aspectos macabros puede servir sólo para generar nuevas ideas a quien ya está cometiendo actos de violencia.


“Mejorar implicaría apostar de verdad por una educación en igualdad

de oportunidades a niños y niñas”

En su experiencia laboral, ¿ha encontrado un incremento o un descenso de mujeres jóvenes que denuncian casos de violencia machista? ¿A qué se debe?

Cada vez hay más mujeres jóvenes que sufren violencia machista y desde hace unos años lo hemos detectado y señalado las profesionales. A menudo, a muchas jóvenes les cuesta reconocerse como víctimas de violencia de género. Es difícil comprender como el control de la vestimenta, del móvil o de las amistades puede responder a una relación de violencia de género, término que las chicas jóvenes atribuyen o relacionan con mujeres adultas.

En muchas ocasiones es el círculo de amigas o la familia quien detecta la situación y poco a poco logra ayudar a la joven a tomar conciencia o a atraerla a recursos especializados para solucionar el problema. Esta colaboración con la víctima es una de las grandes razones por las que aumentan las denuncias. En general, creo que toda la sociedad está más alerta ante los casos de violencia machista que hace unos años. Las políticas han ayudado a que se produzca este cambio de mentalidad. Aun así, queda mucho camino por hacer. Los estudios que se realizan con jóvenes de Instituto o Universidad, revelan que existe lo que suele llamarse un “espejismo de igualdad”, basado en la creencia de que nuestra sociedad es ya igualitaria. Pero cuando comenzamos a formularnos preguntas concretas, sobre el reparto de tiempo entre las tareas profesionales y las tareas del hogar o sobre cómo debe ser nuestra pareja, se rompe el falso “espejo de igualdad”.

Una entrevista de...

Paloma Aguado.


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